Arrastramos los sólidos principios de la cultura judeocristiana. Son nuestras muletas, y nos dañan especialmente con el concepto de culpa. Lo mas dañino en nuestras vidas son las frustraciones derivadas del desencuentro con las personas. Nos producen frustración y caemos prisioneros de nuestras emociones. Especialmente doloroso es el desamor como resultado de una ruptura, con el aditivo de la culpa, que nos ahoga, nos constriñe, nos impide ser felices, nos hipoteca futuras relaciones. A veces nos encierra y nos aprisiona, y nuestra alma se vuelve gris. Llegados a ese punto, nos ocurre lo que a la filosofía. Nuestra alma se refugia en nuestros pensamientos, y llega y quita la frescura a la vida con sus construcciones abstractas. De manera que al igual que ella, que solo puede reconciliarse con la vida, no en el mundo real (que arruina) sino en un mundo ideal; nuestras vidas marcadas por el desengaño, solo podemos reconciliarlas en otro Mundo Ideal. Acaso no nos quede otro camino. Nuestra patria será como diría Adorno, habernos ido; nuestra Utopía enfrentarnos a la realidad sin miedo. Decía Hölderling, que donde está el peligro, la salvación también. Son una legión los perdedores, y muchos terminan refugiándose en su infierno personal. De ahí al pesimismo vital, a su aislamiento emocional y a la anhedonia. El camino es aprender a caminar sin muletas, reivindicar el derecho a intentar ser felices. Hay muchas técnicas psicológicas de apoyo, muchas veces ineficaces, porque posiblemente el único camino sea enfrentarnos a la vida con valentía. Reivindico el derecho a aspirar a ese mundo descrito con el límite de no dañar a nadie. Tal vez por eso intuyeron los griegos que la ética era formación del carácter, lucha por la perfección interior, camino que había que andar, que no nos venía regalado. El mundo de los sentimientos y afectos es muy intenso para el ser humano, llegan a ser como un infinito inabordable. Parafraseando a Goethe, si anhelamos ese infinito, debemos perseguirlo en todas las direcciones. Los perdedores son una legión en la vida, por eso hay que luchar y abrazarse, la otra opción, la acomodaticia nos lleva a un pozo, a una ruina existencial. Cuando no tengamos la fuerza suficiente, recurramos al auxilio que nos brinda un Hada Madrina en nuestras vidas. |