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El subdesarrollo como una forma de pensar. |
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Escrito por Enrique Nava García
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martes, 08 de julio de 2008 |
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“La adversidad tiene el efecto de despertar los talentos, que en circunstancias prósperas, hubieran permanecido dormidos." (Horacio) La adversidad, tiene otros muchos efectos, además del mencionado en la frase anterior. Y son precisamente los efectos de algunas de esas circunstancias adversas de la vida, de las que no vale mucho aquí entrar en detalle, los que hicieron que uno de los autores se encontrara con el desalentador mensaje en su televisor: tenía suspendido el servicio de televisión vía satélite por falta de pago. Esto después de una extenuante semana de trabajo en la que, entre otras cosas, el tirarse al sillón o cama a ver en la televisión cualquier programa o película es hoy en día una de las formas más comunes y preciadas de descanso. Para sorpresa, resultaba que algunos canales no estaban bloqueados y continuaban recibiéndose, algo así como una especie de consuelo y/o castigo-penitencia por incumplir con las obligaciones. Uno de estos canales era el canal del congreso, ese que muestra, además de los “reality shows” de las sesiones parlamentarias, interesantes mesas de debate y comparecencias de funcionarios ante las diferentes comisiones. Tal vez fue algún afortunado fin de semana en el que, al no tenerse sesiones en las cámaras, se abocaron a las repeticiones de los más sobresalientes eventos en la semana. Es precisamente la combinación de tres programas transmitidos en ese “ilustrador” fin de semana, que se obtienen las reflexiones del presente artículo: 1) La comparecencia del Director de PEMEX ante la comisión investigadora del presunto enriquecimiento ilícito del expresidente Vicente Fox, 2) el informe del representante de la Auditoría Superior de la Federación en materia de programas y entidades públicas relacionadas con el Desarrollo Social y 3) el resumen de los debates en relacionados con la reforma energética, en particular el relacionado con el régimen fiscal de PEMEX y el destino de la renta petrolera. Fue una verdadera vorágine de datos y hechos tácitos que al final de la sesión resultaron desconcertantes. La radiografía de gran parte de la problemática del país se expuso con tal claridad y crudeza que fue inevitable la sensación de que el país estaba al borde del colapso. Acentuado todo esto con el natural dramatismo que suelen utilizar los políticos cuando buscan enfatizar esa problemática que hará llevar hacia ellos los reflectores, claro está. Así, procurando la mayor objetividad posible, el ejercicio reflexivo, derivó en la natural cadena sin fin del subdesarrollo en la cual estamos inmersos como país: Un gran porcentaje del país en pobreza extrema con bajos niveles de nutrición que son en gran parte responsables de los bajos niveles educativos y del rezago educativo, que aunado a un deficiente servicio de salud pública y agravado por la alta tasa de desempleo y de empleo informal, genera a su vez altos niveles de criminalidad. Todo lo anterior en si conjunto ocasiona bajos niveles de producto interno per-cápita empeorada por la baja eficiencia productiva que a su vez es causa de baja recaudación fiscal por lo que el gobierno desfalca a los contribuyentes cautivos y sobre todo a PEMEX, dejándola sin posibilidad de autofinanciar su desarrollo y desarrollar tecnológica e innovación propias y, aunque PEMEX genera mucho dinero para el país, (sobre todo en estos tiempos) el gobierno absorbe la mayor parte para, precisamente, destinarlo a las entidades y programas que deberían contribuir a mejorar todos los aspectos anteriores, desde combate a la pobreza extrema, hasta salud y seguridad pública y promoción del desarrollo productivo y tecnológico. Sin embargo, toda esta fabulosa cantidad dinero, tomada de PEMEX y de los contribuyentes, se difumina en la profunda nube de corrupción que cubre a todas las actividades que realiza el gobierno aunada a la de aquellas compañías privadas que interactúan con él, ya sea en la forma de contratistas o proveedores. De esta manera el balance general de país solo empeora y este círculo vicioso degenera en problemas cada vez más agudos conforme la actual realidad global nos impone retos para los cuales estamos haciendo prácticamente: casi nada (Crisis alimentaria, crisis energética, crisis financiera en Estados Unidos, inseguridad mundial y cambio climático). Así pues, los desafíos son grandes y la adversidad que se avecina, si no es que ya se está viviendo en algunos sectores del país es grande. Solo cabe esperar que la afirmación Homérica con la que inicia este artículo sea válida también para esta cultura nacional, que al parecer está muy conforme con la “prosperidad petrolera” que permite financiar la improductividad de los más pobres con “oportunidades”, así como a la clase política, corrupta en su mayoría y que sólo parece desarrollar el talento necesario para luchar por el poder y por la jugosa tajada que éste deja. Como apuntaba un analista de economías basadas en el petróleo al comparar el desarrollo económico y social de países petroleros: “… en realidad, el subdesarrollo no es una etapa de la evolución económica de un país, es una forma de pensar”. Este artículo es aportado por los Ing. Enrique Nava García, Gilberto Careta Mellado y Gabriel Rivas Falcón, quienes conforman el personal directivo de la Subárea de Control Poza Rica – Teziutlán de la CFE. México. Direcciones de contacto:
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