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LA AMERICANA QUE DESTRONÒ A UN REY Imprimir E-Mail
Escrito por Sibylla   
viernes, 18 de agosto de 2006
Aunque nacida en una familia patricia de Maryland, Wallis no pertenecía a esa poderosa clase americana que buscaba entre los vástagos de los grandes linajes británicos maridos para sus atildadas hijas. No era como ellos pero se comportaba como tal. Wallis Simpson era una mujer de ojos azules y figura extremadamente delgada. Su aspecto, según palabras del famoso fotógrafo Cecil Beaton que la conoció muy de cerca, era inquietante: impresionaba más que nada su figura esquelética. A ella pertenece la frase “nunca se es demasiado delgada ni demasiado rica”. Sus compañeras de estudio la recuerdan siempre rodeada de hombres, buscando ser invitada a las fiestas más encopetadas. Sus amistades masculinas parecían gozar con la compañía de aquella muchachita con aires de gran dama, picante y descarada que les reía sus chistes obscenos.

Los informes que la familia real encargó a Scotland Yard sobre el pasado de Wallis, la describen como voraz y buscona, con una conducta parecida a la de una prostituta. El oficial Joe Longton, en una carta de 1934 dirigida a la reina Mary que ha sido desvelada hace días, llegaba a decir que «Mrs. Simpson se comportaba en Baltimore con la misma promiscuidad que un homosexual vicioso» y que no entendía cómo el heredero al trono «podía casarse con una prostituta mientras le estaba vedado hacerlo con alguien de religión diferente». «¿Es acaso preferible para la realeza una puta que una católica?», concluía el indignado informador.
Era la época en que el vendedor de coches Guy Trundle y Wallis se conocieron en Londres, y ella ya salía asiduamente con el príncipe de Gales, que pronto se convertiría en rey. Guy, por su parte, había abandonado la Fuerza Aérea en 1927, en la que obtuvo algunos éxitos y un par de condecoraciones en la I Guerra Mundial con sólo 20 años. Como otros pilotos de la RAF, buscó trabajo como pudo y lo encontró de mecánico en una fábrica Ford, mientras trataba de aumentar sus ingresos vendiendo coches por su cuenta.
Sin embargo, Guy no era el tosco mecánico que los tabloides británicos han querido mostrar interesadamente para rebajar la figura de Wallis. Era muy educado y atractivo, con aspecto de lord, y consumado bailarín. Siempre alardeaba de sus conquistas. Aunque se casó en 1932 con la hija de un general retirado, en los años 1935 y 1936 seguía siendo figura conocida en los ambientes galantes del sofisticado Londres.
El príncipe de Gales mantenía por entonces relaciones con varias damas, entre las que destacaba Gloria Vanderbilt, la hija del multimillonario americano que, al igual que sus hermanas, alternaba entre la alta nobleza británica. En un alarde de solidaridad femenina, Gloria pidió a su amiga Wallis Simpson que cuidara de POW (Prince of Wales), mientras ella se ausentaba unas semanas para visitar a su familia en Nueva York.

La confiada neoyorquina debía de estar al corriente de las hazañas sexuales de su compatriota, pero, probablemente, supuso que no era peligrosa una mujer de mediana extracción, casada en segundas nupcias y que, aunque tenía mucho encanto, era demasiado rara, incluso fea, para alguien tan delicado y exquisito como David.
Quizás esto define algunos rasgos de su personalidad: Wallis, era dura, competitiva, egocéntrica, anoréxica y, con el tiempo, a fuerza de estirarse tanto el cuello, cuando los médicos –ya anciana- necesitaron intervenirla quirúrgicamente tuvieron dificultades para entubarla debido a la cantidad de cirugías estéticas que se había hecho.Wallis conoció al príncipe en 1932, cuando ella tenía 37 años y él 38. Por entonces, Eduardo era uno de los solteros mas codiciados de Europa: rubio, atractivo, delgado, elegante, era un maestro a la hora de combinar camisas con trajes a rayas y corbatas de los más diversos colores. El también era un hombre con muchas manías a la hora de comer: se alimentaba muy poco. Wallis Simpson, una aventurera a quien su primer marido había hecho educar sexualmente en un prostíbulo de China. Wallis descubrió a primera vista que el príncipe era un masoquista al que le iba la marcha, lo maltrató y lo convirtió en su marioneta. Todo esto era ignorado por el público. Cuando un sirviente palaciego descubrió a Eduardo de hinojos, pintándole las uñas de los pies a Wallis como si fuera su doncella, no fue a vender la exclusiva a la prensa rosa, como haría hoy día, sino que pidió la baja, porque no podía soportar ver a su soberano haciendo de esclavo sexual. El rey Jorge V, sin embargo, estaba al tanto de lo que pasaba, pues el servicio secreto había recibido órdenes de vigilar a Wallis.
En el momento en que se conocieron ella estaba casada con un empresario norteamericano, pero eso no fue ningún impedimento ya que Eduardo sentía especial interés por las mujeres casadas. El primer encuentro se produjo en la casa de Thelma Vanderbilt, en Londres, (amiga de Wallis y de Eduardo). El príncipe quedó fascinado por la manera de hablar y de actuar de la futura condesa. Según el relato que Rosa Montero hace en su libro “Pasiones”, Eduardo tenia algunos problemas sexuales y Wallis, que aparentemente contaba con mucha más experiencia, supo cómo ayudarlo a superarlos. Mas allá de lo cierta o no que resulte esta anécdota, la verdad es que Eduardo llegó a amarla de un modo casi patológico y por eso – a medida que la relación crecía a escondidas del marido engañado- el príncipe insistía para que ella se divorciara de Ernest Simpson, un empresario que terminó arruinado por las locuras y extravagancias de su mujer.Ella era un raro "caso de masculinidad con fuertes características femeninas", cara de "personaje de juegos de cartas medieval", por quien el entonces rey "sentía una atracción más física que sexual" según la propia descripción de Winston Churchill, un muy buen amigo del monarca.Wallis Simpson había sido amante de Joachim Von Ribbentrop cuando éste era embajador en Londres y esos vínculos nunca se quebraron completamente. Al separarse de ella, Von Ribbentrop, quien luego sería Ministro de Exteriores de Hitler, le envió una jarra con 17 rosas, el número de veces que se habían acostado juntos, según aparece consignado en informes del FBI de aquella época. Los que más odian a Wallis Simpson no dudan en calificarla como agente encubierto de los nazis. Parece exagerado pero tiene su porqué. Una de las visitas más escandalosas que los duques realizaron en 1937, ya casados y virtualmente exiliados, fue a Adolf Hitler en la cancillería del Reich. Eduardo no había ocultado sus simpatías por la ideología nazi y, al parecer, tuvo contactos con los fascistas de Oswald Mosley siendo príncipe. Wallis, por su parte, había tratado de asegurarse el apoyo del régimen hitleriano para su matrimonio desigual. Si las cosas se pusieran feas para Inglaterra, ella y Eduardo podrían formar una nueva dinastía «popular», al estilo de la Italia fascista.
En enero de 1936, después de la muerte del rey Jorge V, Eduardo VIII, el hijo primogénito (y tío de la actual reina) subió al trono. Inmediatamente se enfrenta con su familia y con el gobierno al anunciar su intención de casarse con Wallis.
Firme en su decisión, abdica y se casa con la mujer que amaba, reservándose el título de Duque de Windsor. Se casaron el 3 de junio de 1937.
El lado oscuro de la historia es que además de la crítica social feroz, debió enfrentarse a las acusaciones de simpatizar con el nazismo y de desmentir, tal vez sin éxito, que su casamiento era sólo una pantalla para su homosexualidad.Lo que ha quedado claro es que, antes de abdicar, al rey Eduardo VIII le preocupaba mucho su futura posición financiera. Al punto de que declaró unos ingresos de 90.000 libras de la época cuando su fortuna real pasaba del millón de libras.El exilio de Eduardo y Wallis resultó más duro de lo que creían. Eduardo no quiso, jamás, renunciar a volver a Inglaterra. Salvo contadas ocasiones regresó a Inglaterra por breves periodos de tiempo. Pero su responsabilidad en la crisis, la escandalosa vida social y sexual de la pareja, y la sospecha de que ambos simpatizaban con el régimen nazi (llegaron a entrevistarse con Hitler en 1937), no hicieron sino hacer la vuelta poco menos que imposible
Edward murió en 1972, Wallis en 1986. Fueron enterrados juntos en el cementerio real de Windsor. Y seguramente, sólo ellos saben la verdad de su historia…
Este artìculo ha sido aportado por Sibylla, podeìs conocer màs de la autora en su blog: http://espacioblog.com/sibylla y a travès de su correo Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesita tener Javascript activado para poder verla
ImageEl príncipe quedó fascinado por la manera de hablar y de actuar de la futura duquesa. Según el relato que Rosa Montero hace en su libro “Pasiones”, Eduardo tenia algunos problemas sexuales y Wallis, que aparentemente contaba con mucha más experiencia, supo cómo ayudarlo a superarlos. Mas allá de lo cierta o no que resulte esta anécdota, la verdad es que Eduardo llegó a amarla de un modo casi patológico y por eso – a medida que la relación crecía a escondidas del marido engañado- el príncipe insistía para que ella se divorciara de Ernest Simpson, un empresario que terminó arruinado por las locuras y extravagancias de su mujer.
Modificado el ( miércoles, 23 de agosto de 2006 )
 
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