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Introducción. En el presente artículo, intentaremos abordar brevemente los modelos de la relación cerebro lenguaje, pasando por los modelos localizacionistas, conexionistas, jerárquicos, globales y de procesos. Nos remontaremos a la segunda mitad del siglo diecinueve con Paul Broca (1861) hasta el siglo veinte con el neuropsicólogo ruso Alexander Romanovich Luria (1973) discípulo del gran Lev Semenovich Vygotsky. Paul Broca fue uno de los iniciadores de las investigaciones sobre las funciones del lenguaje las que han sido atribuidas al hemisferio izquierdo, desarrollándose el concepto de dominancia cerebral. Hoy en día sabemos que ambos hemisferios cerebrales participan en las funciones del lenguaje por lo cual es preferible la denominación de asimetrías cerebrales que cambia el caduco concepto de dominancia.
Modelos Localizacionistas. Los modelos localizacionistas se refieren a que la facultad del lenguaje estaría situado o localizado en áreas específicas del cerebro. Las primeras investigaciones científicas se respaldaban en pacientes con trastorno de lenguaje adquirido y una de las más célebres, fue la realizada por Paul Broca y que dio a conocer en la Sociedad Antropológica de París en 1861. En esa época predominaba la idea de que el lenguaje se situaba en los lóbulos frontales del cerebro, situación que inicialmente fue respaldada por las investigaciones de Broca. Paul Broca situó la facultad del lenguaje articulado en la tercera circunvolución frontal izquierda y llamó afemia a su patología. Los antecedentes presentados por Broca, llevaron a la hipótesis de que las funciones lingüísticas y psicolingüísticas se localizaban en circunvoluciones cerebrales. Modelos Conexionistas Los modelos conexionistas se refieren a que las funciones complejas se conforman por medio de la conexión de componentes más simples. Uno de sus precursores fue el físico y neuropsiquiatra Carl Wernicke quien en 1874 publica una serie de investigaciones que aportaban nuevas evidencias de la localización del lenguaje en el cerebro y que producían patologías distintas a las presentadas por Broca. Wernicke describió como segundo centro del lenguaje (el primer centro sería el de Broca) al tercio medio de la primera circunvolución temporal izquierda, encargado de la comprensión del lenguaje hablado. Sin embargo, Wernicke fue más allá y propuso también como áreas importantes del lenguaje a la región que uniría el área de Broca con la de Wernicke (fascículo arqueado) y por donde se produciría un flujo importante de información. En síntesis Wernicke no solo proporciona un modelo conexionista, sino que introduce el concepto de flujo de información. Los postulados de Broca y Wernicke fueron utilizados para generar numerosos diagramas para relacionar lenguaje y cerebro, así como también para predecir síndromes afásicos. Esto último fue utilizado por Lichtheim (1884) y su clasificación constituye hasta el día de hoy la base de las clasificaciones clínicas de las afasias. En 1892 Jules Dejerine continuó con el desarrollo conexionista a través de casos clínicos y postuló un centro específico para la lectura ubicado en el lóbulo parietal izquierdo. Sin embargo, las teorías conexionistas fueron quedando en el olvido por razones políticas y científicas. El conexionismo es retomado, en el siglo veinte con una nueva perspectiva, por Norman Geschwind en 1965, introduciendo modificaciones a la concepción cerebro lenguaje. Geschwind propuso que cada centro cerebral puede contener tanto información lingüística como no lingüística. Además se preocupa por delimitar las áreas neuroanatómicas que se correlacionan con las habilidades lingüísticas. Incluso descubrió importantes asimetrías en los dos hemisferios del cerebro. En síntesis los modelos conexionistas representan el lenguaje en el cerebro por medio de un conjunto de centros, responsable cada uno de ellos de una función psicolingüística en un área específica del cerebro y conectados por fibras nerviosas. Modelos Jerárquicos. John Hughlings Jackson, neurólogo y fundador de la neurología clínica difiere de los modelos conexionistas y de la localización de facultades. Para Jackson la actividad nerviosa se organiza en tres niveles de funcionamiento: un nivel básico o primitivo, uno intermedio y uno superior donde se llevan a cabo los procesos del lenguaje (hemisferios cerebrales). En cada uno de los niveles se ejecutan funciones diferentes y cada una de ellas es una función completa en sí misma, se superponen y se relacionan entre ellas. Las teorías de Jackson tienen un carácter integrador del funcionamiento lingüístico y neural, sin embargo demostraban poco fundamento anatómico. Estas teorías permanecieron en el olvido hasta 1926. Los postulados de Jackson son retomados por Roman Jakobson (1941) quien intentaba relacionar un aspecto del modelo de disolución del lenguaje en la afasia con el desarrollo del lenguaje y con rasgos universales lingüísticos. Jakobson intentó desarrollar el concepto de organización jerárquica de las unidades lingüísticas, pero al igual que Jackson no profundiza en su correlación anatómica. Otro modelo jerárquico es la teoría microgenética de Jason Brown (1980;1982), que concibe el lenguaje como un sistema constituido por un conjunto de niveles que se ejecutan en un orden secuencial. La realización de estos procesos se producen en áreas determinadas del cerebro que incluyen estructuras corticales y subcorticales. Los modelos jerárquicos mencionados anteriormente pertenecen a las teorías llamadas holistas, las cuales niegan la existencia de centros corticales específicos para el lenguaje. Modelos Globales. Los modelos globales proponían que los trastornos del lenguaje adquiridos eran producto de una única perturbación psicológica general. Uno de los representantes de estos modelos fue Pierre Marie (1960) cuyas ideas establecían relaciones entre los síndromes afásicos y la anatomía vascular del cerebro. La principal contribución neuroanatómica consistió en describir el suministro vascular a las áreas del lenguaje. Sin embargo, Pierre Marie no pudo explicar como una única perturbación, en este caso en la inteligencia general, podía producir todas las variaciones de los trastornos del lenguaje adquiridos (afasias). Un aporte interesante es el de Goldstein (1948) quien dentro de su modelo hace referencia al concepto de lenguaje interior de Vygotsky. Goldstein fue influenciado por la teoría psicológica gestaltista e identificó cuatro maneras por las que una enfermedad neurológica podía producir perturbaciones funcionales: Lesión en un área del cerebro. Separación de un área intacta de otra dañada. Influencia de un área cerebral dañada sobre el tejido sano. Conductas de evitación de actividades por parte del organismo.
A pesar de lo anterior no parece probable que alteraciones generales puedan dar cuenta de las alteraciones específicas del lenguaje. Además los fundamentos neurológicos no quedan bien establecidos. Modelos de Procesos. Los modelos de procesos postulan que las funciones del lenguaje tales como el habla, la comprensión, la lectura y la escritura constituyen procesos que pueden dividirse en subcomponentes. Estos modelos consideran que todas las funciones relacionadas con el lenguaje son el resultado de la conjunción de distintos componentes de procesos. Uno de los representantes de este tipo de modelos es el neuropsicólogo ruso Alexander R. Luria quien postula que el lenguaje tiene una naturaleza interactiva (sistema funcional del lenguaje), ya que cuando éste es dañado también se alteraran una serie de funciones. Luria propuso un modelo de organización cortical según el cual la corteza cerebral esta dividida en dos unidades funcionales: La primera formada por los lóbulos parietales, occipitales y temporales, y la segunda esta constituida por los lóbulos frontales. El modelo de Luria abarca la totalidad de los usos del lenguaje; es completamente modular; esta constituido por subcomponentes y en muchos casos una función lingüística de un área cerebral es acompañada por otra no lingüística. El modelo de Luria esta inserto en un modelo más general del funcionamiento neuropsicológico. Funciones del cerebro. A continuación revisaremos algunas funciones de los lóbulos cerebrales: Lóbulo frontal: El lóbulo frontal izquierdo tiene como función controlar los movimientos relacionados con el lenguaje, mientras que el derecho controla los movimientos no verbales. Las áreas prefrontales controlan la actividad mental superior donde se sitúan las habilidades de pensamiento, abstracción, planificación y toma de decisiones. Lóbulo parietal: Es un área sensitiva que recoge las sensaciones de presión, tacto, temperatura y dolor. Lóbulo temporal: (izquierdo) Es un área de integración sensorial donde se interpreta el significado de las oraciones e ideas y se sitúa la memoria verbal. Es un centro especializado del lenguaje receptivo. El lóbulo temporal derecho se especializa en memoria no verbal. Lóbulo occipital: Está especializado en la percepción visual. Comentarios. Los modelos de relación cerebro lenguaje han ido evolucionando de acuerdo a los avances científicos, los cuales día a día arrojan nueva información acerca de la localización de las funciones del lenguaje. Lo que si está claro, es que ambos hemisferios participan en distintas funciones y varían de sujeto a sujeto. Más que hablar de dominancia el concepto de asimetría cerebral es el más adecuado para abordar esta multiplicidad de funciones del lenguaje. Bibliografía. - Caplan, D. "Introducción a la Neurolingüística y al Estudio de los Trastornos del Lenguaje". Madrid. Edit. Visor. 1992. - Feldman, A. J., Fanjul, M. "Afasias: Secuencias de Trabajo para la Recuperación". Buenos Aires. Edit. Puma. 1991. - Goodglass, H., Kaplan, E. "La Evaluación de la Afasia y de Trastornos Relacionados". Madrid. Edit. Médica Panamericana. 1986. - Helm-Estabrooks, N., Albert, M. "Manual Of Aphasia Therapy". Austin, Texas. Edit. Pro-ed. 1991. - Portellano, J. "Introducción al Estudio de las Asimetrías Cerebrales". Madrid. Edit. CEPE. 1992. Daniel A. Silva T. Fonoaudiólogo Univ. de Chile Mail:
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