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No pidamos un testigo karateca, que esto no es hollywood |
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Escrito por Javier Ramírez
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sábado, 27 de octubre de 2007 |
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Una ministra habla, creo incorrectamente, sobre las actuaciones en el maltrato de una joven en el metro.
Tremenda la noticia en estos días de un chaval que ha maltratado a una joven ecuatoriana en el metro mientras las cámaras lo grababan todo. Desde luego, pese a la aparente humanidad de este país, la verdad es que veo en el “submundo” a más personas racistas de lo que desearía... y no puede decirse que yo frecuente malos lugares, sino que te los encuentras en los sitios más inesperados.
Sin embargo, con menor estupor que la triste noticia, todavía me ha sorprendido lo suyo los comentarios en televisión de la señora doña Esperanza Aguirre, donde alegaba que lo que más le sorprendía a ella era la pasividad de un tercer sujeto en el lugar del crimen, es decir, del chico que ahora ha declarado como testigo de los hechos (junto con las imágenes de la cámara). A su entender, la escandalizaba que el joven no hubiera actuado en una situación de violencia semejante, defendiendo a la muchacha.
Vamos por partes... por la cosa tiene lío. O sea, ¿que una representante política, quizá de alguna forma, incita a un ciudadano a intervenir en un escenario de acción violenta? ¿No es eso un error? Es decir, por mí, por supuesto que intervendría en ese caso determinado, con quizá posibilidades de poder arreglar la situación... o empeorarla, que es lo que nuestra política no puede llegar a predecir.
Es una irresponsabilidad, en el caso de explicaciones de una portavoz política, un comentario público hasta con esos fines, y considero que su papel no es el de la incitación a una tercera persona a involucrarse en actos violentos. Esa persona a la que se le exige haber actuado quizá no tenía capacidad para hacerlo, porque no estamos hablando de un policía o un guardia civil, adiestrado en esas lides. Hablamos de un ciudadano de a pie que asimismo ha sido víctima de ese trance, al menos de presenciar actos vejatorios y haber sido intimidado indirectamente. No podemos pedirle que actúe. Estamos hablando de una situación de violencia, no de un rescate de emergencia. Así como no podemos pedirle a alguien que se tire al agua para rescatar a una persona que sea ahoga si no sabe nadar, tampoco podemos pedirle a nadie que intervenga en una situación de riesgo si no posee, y aunque posea, posibilidades de controlar la situación. Es verdaderamente irresponsable incitar a eso. Lo aconsejable por parte de una ministra es aconsejar que se hubiera llamado inmediatamente a las fuerzas de seguridad, a la policía, porque en una situación de tres individuos con uno de ellos fuera de quicio, es en este caso agravar la situación si entrase un segundo en discordia.
En mi opinión, mientras la vida de personas no estén inmediatamente en peligro (hablamos de una agresión en este caso, no de un intento de asesinato) lo mejor es mantener la calma, puesto que haber intervenido en aquellos momentos hubiera sido enardecer todavía más al violento y la situación hubiera empeorado.
Ahora, puestas las víctimas a salvo, la ley es la que tiene que actuar.
Javier Ramirez
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