Las autoridades de los Ayuntamientos que pertenecen las ciudades de la costa del litoral español, son conscientes del crecimiento acelerado y hasta ilegal de la construcción de edificios en la costa. Algunos dicen que la zona cercana al mar se convirtió en un “cementerio de hormigón”. Una de las causas principales de este fenómeno, es el acelerado crecimiento que tuvo el rubro inmobiliario en los años previos inmediatos. Los gobiernos de cada Ayuntamiento aprobaron obras (públicas o privadas) que iban claramente en contra de la ley de protección de ambiente, y del límite de metros que deben quedar sin construir cerca del mar. Había proyectos de edificios, de barrios privados, de chalets, de restaurantes, etc. Desaparecieron los sitios vírgenes y el paisaje se transformó en un conjunto de edificios amontonados al lado del mar. Hubo allí inversiones tanto nacionales como extranjeras, que fueron justificadas con las olas de turismo que arribaban al país, aludiendo que la oferta inmobiliaria no daba abasto. Ello sin considerar el crecimiento demográfico de las diferentes localidades, principalmente por el ingreso de extranjeros que llegaban a residir en España. Pero, probablemente, estos números de “demanda inmobiliaria” fueron en gran parte inventados. Entre las provincias más afectadas con esta situación, podemos mencionar Málaga y Barcelona. Ésta última de manera especial con los apartamentos barcelona que se construyeron a mansalva.
A fines del año pasado, según informó el diario El PAÍS, se registraban en el país 997.652 propiedades para la venta. Más de la mitad de las mismas ya estaban terminadas y en condiciones de entrega. El Ministerio de Vivienda informó que las construcciones de las provincias pertenecientes a la costa mediterránea, representan casi el 50% de la totalidad de viviendas. Este porcentaje se traduce en una cifra de aproximadamente 500.000 propiedades. Lamentablemente, en esta etapa de crisis inmobiliaria, no será tan fácil para sus propietarios lograr ubicarlas, como lo fue en los años del boom inmobiliario. Cinco años atrás, todas estas propiedades se hubiesen vendido, y la demanda continuaría existiendo. Pero hoy, la inestabilidad financiera generó un stock de viviendas casi imposible de reducir. Y esto se percibe de manera especial en aquellos clientes que compraban una casa o apartamento como su segunda propiedad. Resulta hasta obvia la causa: en primer lugar prescinden del producto aquellos que no lo adquieren por necesidad. Y también aquellos que lo hacen a modo de inversión.
Algunos estudiosos piensan que para poder vender la totalidad de las viviendas que se encuentran actualmente en stock, deberán esperar alrededor de 2 años más. Esta aproximación podría concretarse suponiendo que cada año puedan venderse más de 350.000 viviendas.
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