
Hace poco más de dos meses que terminó la edición de la Ruta Quetzal BBVA 2009, este año con una duración de casi seis meses por su división en dos: una parte realizada en España en julio y otra realizada por tierras chilenas el pasado diciembre.
Para los jóvenes participantes ha sido más que una aventura y un viaje, lo que realmente ha marcado a estos jóvenes ha sido la gente que han conocido.En eso me gustaría centrarme ahora, en el tema de la amistad. Creo que ya hay demasiados artículos en los que explican todos los lugares y rincones recorridos por estos jóvenes, pero muy pocos se centran en lo que de verdad hace la Ruta Quetzal : los ruteros.
El último día de la expedición, en el acto de entrega de diplomas, el jefe de campamento Jesús Luna, tan querido por los expedicionarios, dijo “hoy es el día que todos estabais esperando porque ahora es el comienzo de una amistad para siempre”, estas palabras hicieron caer alguna lágrima a más de uno por el simple hecho de pensar que dentro de unas horas se iban a separar de aquellas personas que durante este tiempo se habían convertido en su familia. Podría escribir más de un libro contando cada una de las historias que han vivido estos jóvenes, pero me conformaré con ponerles algunos ejemplos de la amistad que comparten estos muchachos.
Acabamos de llegar a Concepción donde los ruteros se despiden del barco de la armada chilena “Valdivia”, también llamado “La Coctelera” (creo que ya se imaginan porque), Daisy, una expedicionaria estadounidense, baja a tierra con unos cuantos globos en los que se pueden leer cosas como “Feliz cumpleaños” o “te queremos”. Hoy es su cumpleaños. Sus compañeras de grupo le han preparado una sorpresa, todas la siguen con más globos y hoy son el centro de atención de las cámaras y el resto de los ruteros. “Las quiero mucho” afirma Daisy sonriendo ante uno de los periodistas que las está filmando. No siempre se celebra un cumpleaños en un barco en el Pacífico rodeada de amigos de todas las partes del mundo, ¿verdad?
De camino por la Isla de Robinson Crusoe podemos ver a un grupito de ocho expedicionarios a la cola de los “quetzales”, “ siempre van juntos a todas partes” dice una de las monitoras. François, rutero de Bélgica, es el único chico entre los ocho; los monitores bromean con él para que cuide de “sus siete chicas”, cada una de un país distinto. Siguen andando mientras bromean y ríen juntos a pesar de las casi 6 horas de caminata que llevan encima, el famoso espíritu rutero. Este es un gran ejemplo de cómo la amistad no entiende de fronteras, culturas y distancias, y seguramente, tampoco entenderá de tiempo y durará para siempre.
Es cierto que la Ruta nunca acaba, acaba el viaje que realizan los expedicionarios, pero no el espíritu. El ejemplo, tras los dos terribles terremotos en Haiti y Chile los expedicionarios han intentado de todo para conseguir noticias de sus amigos en estos países y darles ayudas en lo que puedan, tanto que han conseguido que Sem Bruel, rutero haitiano, consiga terminar sus estudios en España ya que en su país no hay recursos para hacerlo.
Estos son sólo tres ejemplos de las muchas historias que habrá tras estos jóvenes que han compartido experiencias inolvidables y que han conocido el verdadero valor de la amistad, de compartir, de solidaridad… parece mentira, pero créanme, es muy cierto.
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